Vicente Echerri, en un artículo publicado por Diario de Cuba, pone en relieve el mérito del testimonio que, sobre la Cuba de los sesenta y setenta (en muchos sentidos, aún un correlato de la Cuba actual), ofrece Reinaldo García Ramos en su libro Una amiga en París (Cartas, 1968-1972) (Ediciones Furtivas, 2024).
Y la defensa de esta libro se debe tanto a la multiplicidad y trascendencia de los acontecimientos y vivencias que transmite, como a la capacidad analítica, el humor cáustico, el valor y la naturalidad con que García Ramos devino cronista de su tiempo:
«Pero el autor de estas cartas no solo se queja de su situación personal, del acoso que vive de parte de un Estado opresor, de la obligada simulación a que él y todo el mundo se ve sometido para sobrevivir, para evadir el ostracismo, el reclutamiento forzoso como mano de obra prácticamente esclava, para ocultar su identidad sexual tenida por antisocial y considerada poco menos que un delito. Si a esto se limitara esta correspondencia ya tendría mérito; pero va más allá: en las cartas a su amiga, el joven García Ramos se convierte en un cronista de la realidad circundante, tanto en el ámbito de la política que padecen todos, como en el más particular de la cultura que a él le toca como escritor y hombre pensante».
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